
Los castigos siguen haciendo presa de los equipos, les quitan puntos y por lo tanto partidos. La primera semana los Cowboys y los Jets fueron líderes, el primero cometiendo 12 faltas para 82 yardas y los neoyorquinos 14 perdiendo 125 yardas. Imperdonable. Ambos equipos cayeron y en parte fue por la lluvia de pañuelos amarillos.
A veces es “necesario” una falta, como puede ser una interferencia o hasta el uso ilegal de manos. Los que son imperdonables son los fuera de lugar, esos castigos son por falta de concentración que al final es indisciplina.
Para evitar muchas de las faltas el coach en jefe es el responsable de poner el orden necesario en los equipos, en los jugadores y así evitar que se salgan de control como ya hemos visto en distintos encuentros.
El entrenador en jefe además es el encargado de motivar, algo mue importante en este deporte. Sin un entrenador que grita, se emociona, regaña, patea, explica, ningún equipo logra salir adelante. En general todos los coach de la NFL tienen esta característica en mayor o menor medida.
En la primera semana Pete Carroll (Seattle) corrió, felicitó y regañó. Mike Smith (Falcons) hasta se lesionó por el calor del momento.
Puro coraje y pasión son los entrenadores, combustible necesario para que el equipo avance.
Esta segunda semana Dallas bajó su número de castigos, 6 para 50 yardas, pero volvió a perder. El equipo está descontrolado. Ver en la banca los reclamos de Whitten a su coordinador, el enojo de Romo porque no le salen las jugadas y a un coach de equipos especiales solo levantar los brazos porque su pateador no les pudo dar el empate, es pésimo.
Los Jets ajustaron más, también seis castigos pero estuvieron más precisos y su entrenador Rex Ryan logró mejor mando de jugadas aunque no le quitó lo intrépido.
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